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J贸venes, desigualdad y violencia. Apuntes sobre el dise帽o de pol铆ticas dirigidas a sectores populares

por Carmen Iveth Gast茅lum Valdez


publicado el 2015-6-1


En este breve esbozo se trata de reflexionar acerca de la desigualdad y la violencia como fen贸menos estrechamente vinculados a la categor铆a de juventud. Espec铆ficamente, se considera pertinente comprender la manera institucional de abordar dichos fen贸menos en relaci贸n con sectores espec铆ficos de poblaci贸n y las estrategias empleadas para enfrentarlos como problemas sociales que afectan de forma diferenciada en relaci贸n con el lugar que se ocupa socialmente. Una manera de aproximarnos a lo que se hace al respecto, desde las instituciones, es analizar las formas en que se est谩n construyendo las pol铆ticas sociales y las estrategias desplegadas desde este 谩mbito, considerando que la forma particular de comprender el problema se relaciona directamente con la manera en que se gestionan las distintas alternativas para la acci贸n.
En el caso de las pol铆ticas sociales de nuestro pa铆s, Arteaga aporta algunas pistas interesantes para la reflexi贸n. De acuerdo con este autor, tanto la pobreza como la delincuencia son tratadas bajo un mismo conjunto de problemas a resolver; y surgen en cuanto tales en los a帽os noventa, bajo una serie de tensiones gubernamentales derivadas de la exigencia de una respuesta institucional a estas cuestiones. Ambos, el pobre y el delincuente, representan la disfuncionalidad econ贸mica y social, y su situaci贸n puede catalogarse como un resultado de ciertas condiciones que los ubican por debajo de las l铆neas de bienestar y convivencia. Por lo tanto, son sujetos necesitados de intervenci贸n a partir de dispositivos espec铆ficos. As铆, 鈥渟e construye un conjunto desigual de discursos, instituciones, leyes, decretos, que hace posible la ordenaci贸n de un problema, de igual manera que sus soluciones鈥; lo que importa, es que tanto el pobre como el delincuente son sujetos susceptibles de recibir ayuda. Uno de los supuestos de Arteaga, en este sentido, es que la manera de atender al pobre y al delincuente ha generado marcos y pr谩cticas de clasificaci贸n y diferenciaci贸n social que legitiman ciertas formas de atenci贸n. El punto es que se han vinculado tanto ambas categor铆as, que el hecho de que una persona sea pobre, tambi茅n la convierte en delincuente a la vista de quienes juzgan socialmente estas categor铆as. En el caso de los j贸venes, la valoraci贸n negativa que los estigmatiza viene dado en gran medida desde la visi贸n de la seguridad ciudadana. El v铆nculo entre los j贸venes y la violencia se establece sobre todo si son hombres, urbanos y de estratos populares.
Desde esta perspectiva institucional, se ha considerado una visi贸n sist茅mica de intervenci贸n en espacios delimitados y localizados. Delincuentes y pobres son producto de la desestructuraci贸n de los barrios y las colonias de las ciudades, y requieren una atenci贸n integral. Esta visi贸n busca integrar grupos sociales constituidos por pobres y delincuentes, para dise帽ar pol铆ticas de empleo, educaci贸n y prevenci贸n del crimen. De modo que a los pobres se les atiende por su vulnerabilidad pero tambi茅n por su peligrosidad y llegan a constituir expresiones neutrales en apariencia, lo que opaca la idea de un conflicto social que encierra una visi贸n jerarquizada de la sociedad. Lo que se subraya, es que las pol铆ticas generadas bajo esta visi贸n, parecieran apuntar m谩s a una crisis del Estado que a la intenci贸n de atender los problemas sociales para las que fueron dise帽adas.
M谩s aun, la represi贸n es la tendencia actual en las pol铆ticas p煤blicas para atender la violencia en M茅xico. Lo que constituye un problema social complejo se ha reducido a un problema en seguridad p煤blica, por lo que las medidas policiacas han llegado a sustituir a las preventivas. Las cifras oficiales dan cuenta del fracaso de la estrategia: en 2010, la secretar铆a de gobernaci贸n dio a conocer que en un recuento realizado desde finales de 2006 hasta principio de agosto de ese a帽o, el incremento significativo del n煤mero de v铆ctimas sumaba m谩s de 28 mil muertes (de las que el 90% eran ejecuciones y 10% enfrentamientos), de las que la mayor铆a eran sujetos j贸venes. Una de las cuestiones que habr铆a que replantearse es la necesidad de desnaturalizar las relaciones establecidas entre las categor铆as se帽aladas y buscar comprender estos problemas desde un punto de vista no solamente econ贸mico, racional y funcional, sino desde perspectivas sociales y culturales m谩s amplias que integren a los discursos la voz de los propios actores involucrados.


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